lichtenstein-roy-thinking-of-him-2402192.jpgHa sido un día estresante, niños arriba y abajo, jaleos, broncas, risas… He cogido el coche y al poner la radio sonó la canción de Fito de soldadito marinero que sonaba aquel hermoso día en Ciudad del Cabo mientras jugábamos por primera y única vez con un hielo. No he podido soportarlo y he empezado a llorar. ¿Por qué, por qué y por qué? Me he preguntado una y mil veces cómo es posible que sigamos viéndonos a todas horas , que me llames nada más salir de clase todos los días, que te vengas a comer conmigo, que me invites a dormir, que me llames para decirme “Buenas noches”, que me digas que me quieres, que me abraces … No te entiendo, de verdad, no te entiendo.

Esta tarde, en el café rutinario, has empezado a hablarme de las tías de tu clase y has soltado un hay una tía que está tremenda y otra que no es tan guapa pero me hace gracia . No te entiendo, de verdad, no te entiendo. Con la excusa de comprar algo para el bautizo de mi sobrina te he dejado solo y me he ido de compras. Cuando he terminado, he ido al gym y he pasado por nuestra farola y de nuevo lágrimas.

Me has llamado para pasear y no ha vuelto a salir el tema, sólo me has dicho que no vienes conmigo mañana al bautizo pero que te busque un rato para estar contigo por la mañana. No te entiendo, de verdad, por más que lo intento no te entiendo.