
Pues bien, ya que Carlos Martínez me obliga a hacerlo… voy a hablaros de mi gimnasio: El curvas. Seguro que más de una lo conocéis ya que es una franquicia internacional. Llevo cuatro años en él y, la verdad, me cambia la cara. Es un circuito donde haces máquinas y tablas (con ejercicios de todo tipo: saltitos, gluteos, abdominales…) y lo mejor que es sólo media hora, a tope, pero media hora. Soy muy constante y allí que voy todos los días (sin hora fija). Hay días que entras sin ganas y un poco apagadilla y es empezar a saltar y escuchar la música y …
Yo creo que no dejaría el gimnasio por nada, es “mi ratito” mi momento de dedicarme a mí misma y olvidar niños, novio, familia y ¡todo!. Y sí, es sólo de mujeres
una ventaja por un lado y un fastidio por otro porque … en fin … (bueno habrá que consolarse con el blog de Carlos que promete exhibir un cuerpazo cada mes del año…).
Ando un pelín más animadilla, la comida de las compis de cole estuvo bien, este año nos juntamos sólo 9 pero, no pasa nada, otros años hemos sido más de 30, esto de los trabajos, los maridos y las obligaciones familiares se nota con el paso de los años. Aún así, bodas, rupturas, cotilleos y nuevos amoríos fueron el centro de todas las conversaciones.
Y nada más, pronto acaba el año pero escribiré antes la típica entrada de “propósitos y deseos para el año nuevo”.
Besitos y os dejo una frase que leí hace bien poquito y me ha encantado.
“Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá.”
(Y hoy me viene al pelo porque mi hermana me ha recordado cierta etapa de mi vida que me empeño en borrar…)